Tenemos que diferenciar violencia de agresividad. Son conceptos que normalmente se usan como sinónónimos cuando realmente no lo son.

La agresividad es la expresión conductual de una de las emociones básicas, la ira. Esta emoción es necesaria para la supervivencia humana y su exteriorización nos sirve para estar alerta.

También para defendernos de posibles ataques y adaptarnos al entorno.

Es decir, es algo innato y que compartimos también con el resto del mundo animal.

Por otro lado:

La violencia es un comportamiento aprendido tras un proceso de socialización en el que la intención de hacer daño está presente. Estos actos no buscan defenderse, si no que suponen una forma innecesaria de agresividad.

Exige un proceso cognitivo complejo en el que su principal fuente de alimentación son las ideologías, los roles sociales o los valores.

La violencia crea una fuerte disfunción o malestar a nivel social y la podemos encontrar en numerosos ámbitos: el terrorismo o los crímenes de guerra serían algunos ejemplos.

Se refiere a cualquier conducta que persigue intimidar, desvalorizar y culpabilizar a la otra persona.

Algunas de estas conductas podrían ser:

  • Poner en ridículo o dejar en evidencia a la pareja (tanto en público como en privado)
  • Insultar
  • Amenazar verbalmente (de agresión, de abandono, de irse con otra pareja)
  • Humillaciones y desprecios
  • Destruir objetos personales a los que el otro tiene cierto apego o cariño
  • Controlar los movimientos de la pareja y la economía
  • Impedir que la pareja se relacione con su familia o amigos libremente

Esto son algunos ejemplos de la violencia psicológica que se encuentran en las parejas que sufren maltrato o en otras relaciones sociales y familiares.

El maltrato emocional  puede acarrear numerosos efectos secundarios, en forma de lesiones o secuelas psíquicas.

Pueden dañar especialmente la autoestima (acaban sintiendo que no son nada, que todo lo hace mal, que sus sentimientos están equivocados, que su pareja vale más que ella…), con peores consecuencias y con una naturaleza más incapacitante incluso que los malos tratos físicos.

El perfil del maltratador psicológico

Cabe decir que no existe una personalidad del maltratador psicológico, sino que se ha evidenciado una serie de características comunes en este tipo de personas.

El agresor puede tener, por ejemplo, baja autoestima o un rasgo de personalidad dependiente muy marcado.

A  continuación describiremos algunas de las señales de violencia psicológica más frecuentes.

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  • Hacer sentir al otro inferior, mala persona o culpable,.
  • Faltar al respeto, insultar, despreciar, humillar y ofender intencionadamente.
  • Culpar por la conducta de los hijos/as.
  • Usarlos como rehenes para mantener el control.
  • Maltratar o abusar de los hijos/as.
  • Usar el régimen de visitas para acosar u hostigar.
  • Poner a la familia o a los niños en su contra.
  • Prohibir la independencia económica de la pareja mediante manipulaciones o juzgar constantemente su empleo para que lo abandone.
  • No dar lo necesario para los hijos.

En todos estos casos donde esta la violencia y la agresividad es fundamental contar con una herramienta como es la pericia psicológica: 

Para la realización de peritajes psicológicos en violencia , en materia penal, hay que seguir una serie de pasos:

PRIMERO: hay que valorar el hecho en su conjunto.

SEGUNDO: El segundo es esclarecer si dicho maltrato ha tenido consecuencias y de ser así, si las sigue teniendo en la actualidad.

TERCERO: Por último, se debe establecer el nexo causal entre el maltrato psicológico y las secuelas o lesiones.

La clave se encuentra en determinar el nivel pre-mórbido, es decir, la perturbación del equilibrio psíquico preexistente y por ende el daño psicológico. 

Ningún tipo de violencia y agresividad debe ser aceptado y justificado, debe ser detenido ese hecho y accionar de manera inmediata.

Por eso contar con los recursos legales y psicológicos apropiados para hacerlo y mantenernos en un estado de salud integral, (física, psicológica y ambiental) es fundamental y consultar a los expertos en esta materia es el primer paso de amor y no violencia que podemos tener con nosotros mismos.